martes, 2 de junio de 2015

¿PUEDE LA LECHE MATERNA AYUDAR A CURAR EL CÁNCER EN ADULTOS?

A mediados de los 90, científicos de la universidad de Lund, Suecia, descubrieron un complejo proteínico en la leche humana que mataba selectivamente células tumorales sin dañar las sanas. El estudio fue portada de las mejores revistas científicas y abría un nuevo camino en las terapias contra el cáncer. ¿Puede la ingesta de leche materna ser alternativa al tratamiento de tumores? ¿Por qué no ha evolucionado tan importante descubrimiento en una terapia efectiva? Vamos a intentar buscar la respuesta.

Antecedentes científicos.

La leche humana contiene azúcares, grasas, minerales, vitaminas, hormonas, enzimas y proteínas. Componentes, muchos de ellos, que el bebé es incapaz de sintetizar y no podría recibir de otra fuente más que la exógena. Es conocido su poder anticancerígeno para con los bebés aunque nadie ha descubierto cuál es el verdadero mecanismo de protección.
Muchas de las propiedades exclusivas de la leche materna vienen definidas por las características de las proteínas humanas y los aminoácidos que las componen. De todas ellas la Alfa lactalbúmina (alphalactalbumines la proteína de presencia mayoritaria en el suero lácteo y fundamental para los requerimientos alimenticios del neonato.
Catharina Svanborguna reputada inmunóloga de la Universidad de Lund, en Suecia, y su estudiante de postgrado Anders Hakansson empezaron, a finales de 1992, a experimentar con leche materna, microbios, proteínas y células en una investigación rutinaria para su Universidad. Durante el proceso, y de forma casual, observaron como las células cancerígenas aisladas disminuían en contacto con la leche humana, suicidándose en masa. Inmediatamente se pusieron a buscar y aislar el mecanismo de autodestrucción y el componente exógeno que lo provocaba. Pero estaban en la Universidad, en un pequeño laboratorio, no en una gran farmacéutica. Las ganas eran infinitas aunque los recursos, mínimos. Catharina formó entonces un equipo de estudiantes de tesinas, compatibilizando y organizando sus tiempos para investigar el nuevo hallazgo.


Pasaron casi tres años hasta que el equipo pudo ofrecer un estudio fiable y científicamente exitoso sobre el mecanismo de suicidio tumoral. En agosto de 1995 anunciaron e identificaron una variante de la alphalactalbuminque inducía la apoptosis de células tumorales. Al complejo lo llamaron HAMLET (Human Alpha-lactalbumin MadeLEthal to Tumor cells) una desviación de la alphalactalbumin con ácido oleico que penetra hasta el núcleo de las células que son sensibles a la actividad tumoral e, interactuando con las histonas, acaba destruyéndolas.
El alumbramiento fue jubiloso a la par que polémico. La comunidad científica no estaba por dar crédito mundial a un crepúsculo universitario de investigación primaria. Sólo el poder empírico del estudio y los numerosos artículos publicados por prestigiosas revistas médicas acabaron por convencer a los reputadísimos pero escépticos oncólogos e investigadores reacios al descubrimiento. Uno de ellos fue el vicepresidente de la Sociedad Estadounidense contra el Cáncer (SEC), John Stevens, quién inmediatamente viajó a Suecia:

“[…] No había oído hablar antes de la Universidad de Lund, pero comprobamos que Catharina Svanborg y su equipo eran científicos talentosos y dedicados, y que su descubrimiento era fascinante, por eso no tuvimos inconveniente en conceder la subvención (200 millones de dólares) […]“ John Stevens Vicepresidente de SEC

Cuatro años más para convencer a la comunidad internacional de los poderes del HAMLET y, al mismo tiempo, explorar la forma de convertirlo en un tratamiento aplicable al cáncer y a las enfermedades infecciosas. Así nació “HAMLET Pharma AB”, la sociedad encargada de las nuevas investigaciones.

“Esta sustancia elimina a muchos tipos de células cancerosas. Ha funcionado en todos los cánceres en que la hemos probado: pulmón, garganta, riñón, colon, vejiga, linfoma, leucemia etc. Pero la reacción de las células cancerosas en el laboratorio, no indican necesariamente la reacción de los tumores en las personas” “La única forma de saberlo es probarlo en seres humanos. Quizás sea posible realizar un estudio piloto de seguridad en pequeña escala, dentro de poco tiempo. Tal vez unos 6 meses. No quisiéramos tener que esperar años […]” Catharina Svanborg marzo 2004.

Rebuscando un poco por la red encuentro que, en septiembre de 2006, la multinacional “Natinmune” (especialista en tratamientos proteínicos para cáncer y enfermedades infecciosas, y perteneciente al Holding “Novo Nordisk Foundation) compró “HAMLET Pharma AB” y con ello todas sus patentes y desarrollos; y anunció la investigación y preparación de un compuesto basado en el HAMLET para su futura industrialización y comercialización. Nada se sabe hoy de sus progresos, estudios y ensayos. ¿?

Conclusiones

Parece que el esfuerzo de “Natinmune” por sacar al mercado un producto de demostrada eficacia ha sido infructuoso. La pregunta es si esto es debido a dificultades inherentes al proceso de desarrollo o, por el contrario, se debe a un problema subyugado a las presiones económicas de terceros o matrices; más preocupados en seguir manteniendo la cuota de mercado y la millonaria facturación con los fármacos anticancerígenos tradicionales que dejarse avasallar por un nuevo producto, más eficaz e infinitamente más barato por ser fruto del pecho de sus santas madres. Seguro, nunca lo sabremos.
Al mismo tiempo que el HAMLET queda olvidado en el cajón de algún directivo con más remordimientos que escrúpulos, el tratamiento por ingestión simple de leche materna ha sido la elección de muchos pacientes desesperados y ávidos de panaceas curativas. Sin estudios oficiales que corroboren un patrón estadístico y de cohorte, muchos particulares se han sometido a la automedicación láctea con resultados más sorprendentes que científicos.
Según la BBC, Howard Cohen es un Físico-teórico americano con un cáncer de próstata diagnosticado en 1999 y que decidió iniciar una dieta basada en leche humana tras encontrar y estudiar el trabajo de Catharina Svanborg. Después de 4 años de auto-tratamiento ha conseguido mantener a raya los marcadores tumorales. Gracias a que su mujer estaba en fase de lactancia al principio de su tratamiento pudo mantener una cadencia de tomas muy generosa: un biberón (botella pequeña) diario. Con el destete y la dificultad para hacerse con un suministro estable de leche pasó a un consumo bastante más moderado. 

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