A mediados de los 90, científicos de la universidad de Lund, Suecia, descubrieron un complejo proteínico en la leche
humana que mataba selectivamente células tumorales sin dañar las sanas. El
estudio fue portada de las mejores revistas científicas y abría un nuevo camino
en las terapias contra el cáncer. ¿Puede la ingesta de leche materna ser
alternativa al tratamiento de tumores? ¿Por qué no ha evolucionado tan
importante descubrimiento en una terapia efectiva? Vamos a intentar buscar la
respuesta.
Antecedentes científicos.
La leche humana contiene azúcares,
grasas, minerales, vitaminas, hormonas, enzimas y proteínas. Componentes,
muchos de ellos, que el bebé es incapaz de sintetizar y no podría recibir de
otra fuente más que la exógena. Es conocido su poder anticancerígeno para con
los bebés aunque nadie ha descubierto cuál es el verdadero mecanismo de
protección.
Muchas de las propiedades exclusivas de
la leche materna vienen definidas por las características de las proteínas
humanas y los aminoácidos que las componen. De todas ellas la Alfa lactalbúmina (alpha–lactalbumin) es la proteína de presencia mayoritaria
en el suero lácteo y fundamental para los requerimientos alimenticios del
neonato.
Catharina Svanborg, una reputada inmunóloga de la
Universidad de Lund, en Suecia, y su estudiante de postgrado Anders Hakansson empezaron,
a finales de 1992, a experimentar con leche materna, microbios, proteínas y
células en una investigación rutinaria para su Universidad. Durante el proceso,
y de forma casual, observaron como las células cancerígenas aisladas disminuían
en contacto con la leche humana, suicidándose en masa. Inmediatamente se
pusieron a buscar y aislar el mecanismo de autodestrucción y el componente
exógeno que lo provocaba. Pero estaban en la Universidad, en un pequeño
laboratorio, no en una gran farmacéutica. Las ganas eran infinitas aunque los
recursos, mínimos. Catharina formó entonces un equipo de
estudiantes de tesinas, compatibilizando y organizando sus tiempos para
investigar el nuevo hallazgo.
Pasaron casi tres años hasta que el equipo pudo
ofrecer un estudio fiable y científicamente exitoso sobre el mecanismo de
suicidio tumoral. En agosto de 1995 anunciaron e identificaron una variante de
la alpha–lactalbuminque inducía la apoptosis de células tumorales. Al complejo
lo llamaron HAMLET (Human Alpha-lactalbumin MadeLEthal
to Tumor cells) una desviación de la alpha–lactalbumin con
ácido oleico que penetra hasta el núcleo de las células que son sensibles a la
actividad tumoral e, interactuando con las histonas, acaba
destruyéndolas.
El alumbramiento fue jubiloso a la par
que polémico. La comunidad científica no estaba por dar crédito mundial a un
crepúsculo universitario de investigación primaria. Sólo el poder empírico del
estudio y los numerosos artículos publicados por prestigiosas revistas médicas
acabaron por convencer a los reputadísimos pero escépticos oncólogos e
investigadores reacios al descubrimiento. Uno de ellos fue el vicepresidente de
la Sociedad Estadounidense contra el Cáncer (SEC), John Stevens, quién
inmediatamente viajó a Suecia:
“[…]
No había oído hablar antes de la Universidad de Lund, pero
comprobamos que Catharina Svanborg y su equipo eran
científicos talentosos y dedicados, y que su descubrimiento era fascinante, por
eso no tuvimos inconveniente en conceder la subvención (200 millones de
dólares) […]“ John Stevens Vicepresidente de SEC
Cuatro años más para convencer a la
comunidad internacional de los poderes del HAMLET y, al mismo tiempo, explorar
la forma de convertirlo en un tratamiento aplicable al cáncer y a las enfermedades
infecciosas. Así nació “HAMLET Pharma AB”, la sociedad encargada de
las nuevas investigaciones.
“Esta
sustancia elimina a muchos tipos de células cancerosas. Ha funcionado en todos
los cánceres en que la hemos probado: pulmón, garganta, riñón, colon, vejiga,
linfoma, leucemia etc. Pero la reacción de las células cancerosas en el
laboratorio, no indican necesariamente la reacción de los tumores en las
personas” “La única forma de saberlo es probarlo en seres humanos. Quizás sea
posible realizar un estudio piloto de seguridad en pequeña escala, dentro de
poco tiempo. Tal vez unos 6 meses. No quisiéramos tener que esperar años
[…]” Catharina Svanborg marzo 2004.
Rebuscando un poco por la red encuentro
que, en septiembre de 2006, la multinacional “Natinmune” (especialista en tratamientos proteínicos para
cáncer y enfermedades infecciosas, y perteneciente al Holding “Novo Nordisk Foundation”) compró “HAMLET Pharma
AB” y con ello todas sus patentes y desarrollos; y anunció la
investigación y preparación de un compuesto basado en el HAMLET para su futura
industrialización y comercialización. Nada se sabe hoy de sus progresos,
estudios y ensayos. ¿?
Conclusiones
Parece que el esfuerzo de “Natinmune” por
sacar al mercado un producto de demostrada eficacia ha sido infructuoso. La
pregunta es si esto es debido a dificultades inherentes al proceso de
desarrollo o, por el contrario, se debe a un problema subyugado a las
presiones económicas de terceros o matrices; más preocupados en seguir
manteniendo la cuota de mercado y la millonaria facturación con los fármacos
anticancerígenos tradicionales que dejarse avasallar por un nuevo producto, más
eficaz e infinitamente más barato por ser fruto del pecho de sus santas madres.
Seguro, nunca lo sabremos.
Al mismo tiempo que el HAMLET queda olvidado en el
cajón de algún directivo con más remordimientos que escrúpulos, el tratamiento
por ingestión simple de leche materna ha sido la elección de muchos pacientes
desesperados y ávidos de panaceas curativas. Sin estudios oficiales que
corroboren un patrón estadístico y de cohorte, muchos particulares se han
sometido a la automedicación láctea con resultados más sorprendentes que
científicos.
Según la BBC, Howard Cohen es un
Físico-teórico americano con un cáncer de próstata diagnosticado en 1999 y que
decidió iniciar una dieta basada en leche humana tras encontrar y estudiar el
trabajo de Catharina Svanborg. Después de 4 años de auto-tratamiento
ha conseguido mantener a raya los marcadores tumorales. Gracias a que su mujer
estaba en fase de lactancia al principio de su tratamiento pudo mantener una
cadencia de tomas muy generosa: un biberón (botella pequeña) diario. Con el
destete y la dificultad para hacerse con un suministro estable de leche pasó a
un consumo bastante más moderado.


No hay comentarios:
Publicar un comentario