En el
2011, el ingeniero electrónico colombiano Jorge Reynolds anunció la creación de
una versión nanotecnológica del marcapasos electrónico que él mismo inventó en
1957.
Se
trata de un dispositivo del tamaño de un cuarto de grano de arroz, cuyas
pruebas médicas ya han sido hechas en animales y que se espera pueda ser
utilizado en humanos en los próximos años, lo que lo convertiría en la versión
superoptimizada.
La
invención original de Reynolds cumplía exactamente las mismas funciones de su
versión minimizada, pero se ‘sonrojaría’ al saber las dimensiones de su modelo
actual.
El
primer marcapasos electrónico externo consistía en un aparato de 50 kilogramos
con un tocadiscos de 78 revoluciones y electrodos conectados a una batería de
carro de 12 voltios que, con el tiempo, fue evolucionando, principalmente en
cuanto a sus dimensiones.
Esta
transformación ha hecho que aquel enorme aparato que los pacientes arrastraban
en una canasta con rodachinas sea ahora una unidad del grueso de 3 monedas
juntas, con la que son salvadas 70 millones de personas cada año –se calcula
que cada diez minutos alguien recibe el implante de un marcapasos–.
A
comienzos de siglo, Reynolds empezó a diseñar el nanomarcapasos, el cual
prolonga la vida útil de la batería considerablemente.
Con
este novedoso modelo se pasa de los 12 años de duración actual a por lo menos
50 años. Además, provee nuevas funciones y características, como la posibilidad
de que los pacientes y sus médicos tengan información detallada sobre sus
funciones cardíacas en dispositivos móviles, a partir de alertas actualizadas.

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